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Una experiencia difícil de explicar, se trata de la reliquia mas importante de la cristiandad, aquél trozo de tela que había dado cobertura en Cristo Redentor en su último paso carnal por la tierra, aquél pedazo de lino en cuyo entramado y urdimbre se hallaría la demostración clara y palpable de la Resurrección.
Ese lienzo que guardaba secretos incontestables para la fe, al que Cristo no quiso dejar desprovisto de su paso por él, dejando huellas latentes de su permanencia por tres días en su cobertura. Lino testigo privilegiado de la transformación, de la sagrada y divina transformación, pues al igual que el Sepulcro forma parte invariable del crisol Crístico, en que entra un hombre y sale un Dios en su segunda persona, triunfante sobre el pecado y la muerte, la Síndone es prueba irrefutable de su acontecimiento. Por ello el Sepulcro no solo es muerte y transformación, sino también, vida y Resurrección, una vida que se abre paso en caudales impetuosos que se esparce por todo el orbe, predicando la Buena Nueva, una transformación que no solo afecta al protagonista, sino también a todos los estamentos de la sociedad, los esclavos y miserables del mundo ahora se verán con orgullo y limpios de los pecados que les achacaban, Cristo los limpió, los desfavorecidos se verán apoyados, los hambrientos hartos, los justos satisfechos, el hombre en general tienen una vía de salvación. No más diluvio, dijo Noé en su pacto con Dios.
Nuestra esencia pecaminosa se verá reconfortada con la sangre de un inocente al que cada día seguimos fijando en el patibulum de aquel stipe que los cátaros maldecían por ser la causante de la muerte de su Salvador. Formas distintas de entender el símbolo de Pasión y muerte del Cordero que, Dios Padre envió al mundo para evitar otro diluvio, sirviendo de tabla de salvación para el incompleto hombre, para “juzgar sus pasiones” y suavizar el castigo merecido perdonándole todo sus atropellos, si sinceramente con verdadero arrepentimiento suplicaba el perdón. Palo sanador que Moisés clavó en las duras tierras del desierto cuya sola vista sana de las enfermedades y picaduras de animales ponzoñosos a todos los arrepentidos de haber pecado contra Dios.
Tras una breve charla que se ofreció a los presentes sobre las impresiones que se observan en la Sábana Santa, sus claras huellas del padecimiento previo a la crucifixión y durante la misma que encoge el ánimo de cualquiera, se dio por finalizado el acto, quedando todo el mundo satisfecho con la escueta disertación, ansiados por saber más, por lo que se adelantó que próximamente en el lugar que se dirá en su momento habrá una posible ostensión (ésta sujeta a la decisión de la Junta) y conferencia sobre la reliquia por personal especializado con el que cuenta la cofradía y que se halla dispuesto a participar aportando sus conocimientos sobre la misma |